El futuro ya está aquí… casi (y 2)

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En el anterior post he hablado sobre los nuevos dispositivos que llevaremos puestos para conocernos mejor y para interactuar con nuestro entorno. Pero existe un vacío legal y social rodeándolos.

También es un gran reto para los programadores porque obligará a un nuevo sistema de programación integrado con la vida real y, sobre todo, porque el que logré visualizar un sistema completo, se convertirá en el nuevo Rey Midas en la informática.

Implicaciones sociales

Jan Chipchase en un excelente post titulado You lookin’ at me? Reflections on Google Glassha reflexionado sobre productos que interactúan con el entorno como las Google Glass, que van a originar agrias disputas sobre la (in)convenencia de su uso en determinados sitios. Hasta que la legislación sea capaz de reflejar a medio plazo los límites entre lo profesional, lo público y lo privado, se va a producir un cierto rechazo hacia estos dispositivos, bien de manera explícita con carteles y signos indicativos que prohíben su uso o grabación, bien de manera implícita cohibiendo conversaciones o forzando al entorno a comportarse de una manera diferente y más cuidadosa. Pero no olvidemos que todo lo que parece que pueden hacer estos dispositivos lo pueden hacer los móviles actuales de manera más sencilla aún.

Esto nos lleva al siguiente problema: ¿Cuándo tendremos derecho a grabar? ¿Dónde acaba el derecho a la intimidad y empieza el derecho a poder grabar? ¿Cuándo empiezan y terminan estos derechos? Los costes de la propiedad de la información grabada ahora van a recaer en las personas cercanas a los propietarios de estas gafas. Y esto no ha ocurrido hasta ahora, ya que solo tenemos constancia de que estamos siendo grabados en contadas ocasiones, y siempre en un entorno controlado legislativamente; no se pueden usar estas grabaciones de manera no autorizada.

Al final habrá ciertas convenciones corporales que indicarán inequívocamente la situación de estos dispositivos, por ejemplo, subiéndolas a la cabeza para indicar que no están grabando.
Pero no olvidemos que esta información ahora será retransmitida sin nuestro consentimiento y que puede ser usada en el futuro.

Y por supuesto, no podemos olvidarnos de que toda la información será analizada en cierto modo por Google para generar más negocio: mostrar publicidad y anuncios al propietario de las gafas, no solo la realidad aumentada. De momento no va a haber publicidad y las prohibiciones afectan más al sistema de programación –condiciones de uso de Google-, pero son un experimento. Ya veremos cuando se popularicen.

Como señala Don Norman en “The Design of future things” (2007) a propósito de la conducción autónoma, el problema radica en como unir la tecnología con el comportamiento humano, sobre todo mientras la automatización completa es implementada. Pero hay un problema aún mayor, y es la pérdida de habilidades por parte de los “humanos”. Es muy interesante el artículo “Proceed with caution toward the self-driving car del MIT Technology Review.

Privacidad, Propiedad y protección de datos

googleglassSin embargo no son solo el derecho a la privacidad o la perdida de habilidades los únicos problemas de estos dispositivos. La propiedad de los datos y su privacidad son el otro gran caballo de batalla.

Por un lado está la propiedad de los datos. ¿De quién son todos los datos que generan estos dispositivos? Si solo hablamos de dispositivos que capturan información nuestra, ¿pueden las empresas cobrarnos por la recuperación de los datos? Empresas como Fitbit siguen esta política; otras como Jawbone permiten la recuperación de los datos sin coste alguno y por ultimo otras ni siquiera permiten la recuperación de los mismos.

Y ¿pueden venderse estos datos a terceras personas? ¿o ser usados para fines comerciales diferentes? Parece obvio que no, pero nadie duda de la utilidad social o de conocimiento que puede suponer el acceso a toda esa información de manera estadística.

Pero si los límites en estos dispositivos parecen más o menos claros, ¿Qué ocurre con todos los datos generados por Glass? Aquí el límite es más difuso. ¿A quién pertenecen esos datos cuando están interactuando 2 o más personas? Y si una persona aparece en una grabación, ¿posee un cierto grado de propiedad sobre el mismo? ¿En público? ¿En privado? ¿Se pueden publicar estos videos en redes sociales sin nuestro consentimiento? ¿Podemos oponernos aunque no tengamos la propiedad de los mismos? ¿Se podrían usar en una clase para grabar al profesor? ¿Sería necesario el consentimiento del profesor o bastaría con su denegación?

Muchos hablan de la tecnología invasiva que van a suponer estas gafas, señalando incluso que sería mucho mejor que no pudieran grabar en ningún caso. Pero necesitan una cámara para reconocer el entorno, y si no se habilita, siempre habrá alguien dispuesto a modificar el dispositivo para que pueda grabar. Lo que está claro es que estos cambios tecnológicos pueden suponer una oportunidad para algunos y una amenaza para otros.

Por otro lado está el almacenamiento y análisis de los datos. No hay un estándar para recopilar los datos, pero sobre todo, en muchas ocasiones los datos no pueden ser recuperados por los usuarios para poder analizarlos. Tan sólo son accesibles desde una página web que nos permite ver nuestra información, detallada para los últimos días y mucho más resumida según pasa el tiempo.

Si tenemos varios de estos dispositivos (una pulsera, y un medidor de glucosa, por ejemplo), tendremos que acceder a dos páginas diferentes para poder ver los datos. Y puede que tampoco nos podamos descargar los datos, y menos aún, analizar la información de forma conjunta. Esto, que sería muy necesario para un mejor diagnóstico de nuestro médico de cabecera, al final tiene una limitada utilidad. Y todo ello sin contar que tendrá que ver la información en un papel, o le tendremos que dar nuestras claves de acceso.

Estos gadgets pueden almacenar toda la información que quieran, pero si los datos no impactan en la forma de vida del usuario, no sirven para nada.

Y además de la salud, ¿en qué otros temas nos afectarán? Posiblemente las compañías de seguros de vida, o de pólizas sanitarias harán algo parecido a lo que ya han hecho en los automóviles: hacer descuentos en pólizas a los usuarios que permitan el acceso a estos datos.
Y hablando de datos, hay una nueva industria que está surgiendo ahora mismo: el “Big Data”, el análisis de una cantidad ingente de información con nuevos motores como NoSQL.

En educación también tendrá un gran impacto esta nueva tecnología.

No podemos hablar de la privacidad de los datos, aunque todos podemos hacernos una idea de la sensibilidad de esta información.

Conclusión

misfit-wearables-2012Por primera vez se ha producido un descenso en las ventas de ordenadores de un 14% trimestral. Mark Rolston incluso augura que la informática actual desaparecerá sustituida por un sistema omnipresente, por estos dispositivos más flexibles, más especializados, y, sobre todo más “inteligentes” [1].

El futuro pasa por aquí pero hemos de solventar todos estos inconvenientes antes de que sea demasiado tarde.

Mientras este fenómeno avanza, las empresas actuales se van a tener que adaptar, y crear dispositivos que no parezcan ordenadores, al tiempo que desarrollan sistemas que hagan uso de toda la inteligencia y conectividad de la que gozan estas pequeñas maravillas, no solo un móvil o un ordenador que llevaremos puesto en la cara. Si llevamos puesto un ordenador, éste tendrá que interactuar con el entorno no como un ordenador, sino integrándose de forma natural en nuestra vida.

Ahora mismo se están sentando las bases en el hardware; las posibilidades son infinitas en el software. Uno de los inversores de Google Glass ha dicho que “...es una plataforma tan nueva, como ninguna otra cosa antes, que ni siquiera podemos imaginar cuales serán los servicios más innovadores. Pero llegarán“. Y quien reinvente esta experiencia móvil se convertirá en el nuevo Rey Midas.

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[1] Why we need to take computers out of computing

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