Educación, ética e Internet. Nuevas fronteras

Internet es un espacio en el que cada vez habitamos más tiempo, y que ha generado un espacio onlife, término acuñado por Luciano Floridi, autor de “The Onlife Manifesto: Being Human on the Hyperconnected Era“. Pero como toda tecnología o herramienta, ésta no es ni buena ni mala; depende del uso que nosotros hagamos de ella lo que determina si la estamos usando correctamente. La tecnología no nos hace mejores ni peores, ni siquiera más estúpidos de lo que podemos llegar a ser por méritos propios.

Atribuimos a la tecnología nuestras neuras y temores, nuestras obsesiones y nuestros fracasos pero la tecnología es una herramienta; una herramienta desconocida para muchos en profundidad. Todo ello nos hace desconfiar de los que si conocen la herramienta, y les atribuimos nuestras peores fantasías y pesadillas.

Si las revoluciones tecnológicas anteriores se tradujeron en cambios sociales significativos, la revolución informática e Internet plantean no sólo un acceso universal a la información en tiempo real o la difusión de contenido por personas de recursos modestos, sino también un giro ético en torno a cuestiones como la privacidad, el derecho a la propiedad frente al derecho de uso, o el acceso a nuestra propia información.

Whatsapp y educación

Popular_Social_Networks,_Gavin_Llewellyn,_CCWhatsapp y similares nos permiten volver a conectar con personas, aunando las ventajas de las redes sociales y de nuestros contactos; es un medio de comunicación con nuestros contactos sin interferir ni interrumpir.

Pero si nos fijamos detenidamente, vemos como en muchas ocasiones las personas están más pendiente de los mensajes del móvil que de con quienes están al lado. No les importa usarlo en clase, en el trabajo, en una reunión o en medio de una conversación. Se ha convertido en una adicción para muchos, hasta el punto de que ya han surgido movimientos en su contra, como los de dejar todos los comensales el móvil en el centro de la mesa en una reunión o comida, para que pague el que lo toque.

Las redes sociales permitieron a todo el mundo tener miles de amigos a los que conocían. Pero lo peor es que además se publicaba información que ponía en peligro la privacidad y la seguridad personal.

Y la evolución de esto han sido los grupos de Whatsapp. Todos tenemos grupos de los que nos apetecería borrarnos pero que no lo hacemos por una educación mal entendida. En estos grupos se reenvían chistes y bromas absurdas y comentarios de todo tipo sin diferenciar al destinatario ni comprender que no todas las personas dentro de un grupo son iguales, hasta el punto de saturar estos canales con mensajes que no interesan.

Otro ejemplo muy claro de estos grupos son los grupos de padres (madres) del colegio de nuestros hijos. Si no estás en el grupo, parece que no tienes interés en tu hijo, eres un paria social. Y en la mayoría de los casos estos grupos solo sirven para linchar, se convierten en un canal de comunicación ajeno al colegio, pero con un claro trasfondo negativo. Se han convertido en un “patio de vecinos”.

Otro uso muy extendido es preguntar por los deberes, nos convertimos en sus secretarios. Pero no nos damos cuenta de que asi, ellos necesitan ser responsables por sus actos. Os recomiendo que leais “ME NIEGO A SER LA AGENDA DE MI HIJA POR EL WHATSAPP…”, que resulta bastante esclarecedor.

Los cobardes digitales

Internet ha dado poder a todo el mundo, lo ha democratizado. Pero ha hecho que surja el perfil del cobarde digital, el que, amparándose en perfiles anónimos, se dedican a decir y a hacer lo que jamás dirían –o harían- a la cara; quien usa Internet para sus frustraciones y sus deseos. El claro ejemplo es que han surgido muchas apps “anónimas” como Secret o sitios como “Ask” que permiten divulgar secretos, o crear perfiles, de manera anónima.

Si además estas opiniones causan polémica, mucho mejor.

Es maravilloso que Internet sea un sitio sin censura, pero esto no implica que todo valga. Tenemos que actuar con educación; no hay justificación alguna para atacar a alguien de forma anónima, o publicar información sin su permiso.

Y con esto solo se consigue el desprestigio de Internet, y dar la razón a los que quieren limitar Internet. Pero, curiosamente, la ley española solo ha tipificado el “revenge porn”. El resto es …. una ley anticuada que no sirve para la realidad actual.

Acceso a la información

Todos hemos oído hablar de la NSA y Snowden, pero está presente en cosas mucho más sencillas como la información que tienen los bancos de nosotros –y que en muchos casos no saben gestionar-, o la que tienen los supermercados por medio de las tarjetas de fidelización. El sentido de todo ello es claro: beneficio económico. Nuestros datos valen dinero, tanto personalizados como anónimos –Big Data-. Gracias a todos los datos de los que disponen las empresas se puede personalizar la publicidad haciéndola más útil para los usuarios, se puede predecir nuestras preferencias, nuestros gustos y nuestros deseos, y todo ello solo se traduce en dinero.

También se producen ataques. Según el Informe Anual de Ciberamenazas 2014 y Tendencias 2015 que ha publicado el Centro Criptológico Nacional (CCN-CERT), el principal objetivo de los atacantes es el robo de información valiosa, ya fuera desde el punto de vista político, de seguridad o económico. La mayoría de estos ataques son del tipo denegación de servicio distribuido (DDoS), introducción de código dañino como forma de chantaje (Cryptoware) o Crimen como Servicio (Crime-as-a-Service) en los que terceras partes desarrollan los ciberataques.

Estos delitos relativos a la intromisión en la intimidad de los ciudadanos han sido tipificados por primera vez por la Ley Orgánica 1/2015 de reforma del Código Penal, en el art. 197

Pero no solo hay esa cara de la moneda. Esta la parte contraria, la de la gente que cree que está siendo espiada y vigilada permanentemente; vigilada por los servicios y empresas que usa habitualmente de forma gratuita, y vigilada por los que le rodean.

1405380577_db7336350c_oEs posible monitorizar la vida de cualquier persona las 24 horas al día por muchas empresas o incluso el gobierno, y eso no quiere decir que sea legal o ético. Pero de ahí a pensar que alguien cercano a nosotros va a monitorizarnos hay una gran diferencia. Estas personas suelen considerar que sus propios errores, o incluso los servicios que se instalan de serie en sus teléfonos y tablets, son sistemas de espionaje; suelen creer que aunque no usen algunas de las características de sus dispositivos portátiles –como las copias de seguridad-, los servicios (o daemons) ya no transmiten datos.

Nos podemos hacer muchas preguntas y en casi todos los casos la respuesta varia, pero hay una cuya respuesta es siempre la misma ¿Qué pruebas hay de que somos espiados por una persona concreta? ¿Es posible? Y la respuesta es siempre la misma. No, no se puede acceder al contenido de un móvil si no se tiene acceso físico a él o por medio de apps o troyanos. Y algunas marcas como Apple controlan de manera obsesiva el hardware y el ecosistema de apps para evitar estas situaciones. El mismo informe del CNN señala que las herramientas de ataque son sobre todo para dispositivos Android.

La nueva Economía en Internet

Sobre las descargas gratuitas en Internet, Luciano Floridi considera que “No vayamos a pensar que si la gente sigue descargándose material, en cierta manera ilegalmente, es porque la humanidad se haya convertido de repente en inmoral o delictiva. Vivimos en una cultura distinta, en la que casi todo en Internet es gratis. Y no defiendo una cultura del pirateo y descargas libres para todos, pero se ha producido un cambio de mentalidad, y es muy difícil imaginar que navegue por una página de Wikipedia, haga una búsqueda en Google, vea un vídeo en Youtube y de pronto llegue a una página con copyright. Sería como si cuando fuera paseando por una acera llegase a un punto en el que tengo que pagar por seguir caminando“.

Eso si, el código penal (arts. 270 y ss) se ha reformado por la ya citada Ley Orgánica, “sustituyéndose, además, el elemento subjetivo «ánimo de lucro» por el de «ánimo de obtener un beneficio económico directo o indirecto», con el que se pretende abarcar conductas en las que no se llega a producir un lucro directo, pero sí un beneficio indirecto“.

Conclusión

Internet está concebido como una red abierta y libre, en la que sólo aquéllos contenidos que constituyen un delito grave (terrorismo, pederastia, fraudes a cargo de las tarjetas de crédito, etc.) son objeto de control y persecución por parte de la policía, aunque la complejidad de la red permite muchas veces escapar a esos controles. Pero también ofrece la oportunidad de dar a conocer contenidos positivos.

El problema no es Internet, ni Whatsapp ni las redes sociales. El problema es de las personas que no tienen la educación para saber cuándo parar. La tecnología nos da mucho más poder pero somos nosotros los que tenemos que saber actuar correctamente. Y la legislación y el sistema educativo no favorecen la integración de la tecnología en la sociedad.

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