La desaparición del dinero en efectivo

Durante esta última crisis, los 2 bancos centrales más importantes (FED y BCE) han realizado importantes inyecciones de dinero líquido y han colocado la tasa de interés cerca de 0 o en determinados momentos en negativo. Todo ello ha originado que los tipos de interés por los depósitos de ciudadanos sean también cercanos a cero, originando con ellos que el dinero depositado pierda valor, o al menos no se consiga ningún beneficio por el mismo (tomemos en cuenta la inflación). JPMorgan ha anunciado que cobrará un 1% de comisión –“balance sheet utilization fee”- sobre los depósitos que excedan los fondos requeridos para las operaciones habituales de sus clientes. Otros como el BCE tienen un tipo de depósito del -0,2% y el Banco Nacional de Suiza -0,75%.

El motivo de todo ello fue incentivar la expansión del crédito en los bancos y la inversión y el consumo en los ahorradores en lugar del ahorro, y por otro lado mejorar los ratios económicos de deflación, caída del PIB o desempleo (Para entender más sobre la creación del dinero en los bancos, recomiendo la lectura de “Modern Money Mechanics”).

Pero la realidad ha demostrado que la inversión no se ha acelerado, y que el crédito no ha aumentado en la misma proporción, pese a una mayor cantidad de dinero, por lo que intentan eliminar el dinero en efectivo, y con ello la evasión fiscal, para intentar evitar una nueva recesión global.

 Dinero en efectivo

The anonymity of paper money is liberating. The bottom line is, you have to decide how you want to run your society.

Stephen Cecchetti, profesor en Brandeis International Business School.

Pero según Kenneth S. Rogoff la existencia de papel moneda hace difícil que la política de interés negativo sea realmente útil, ya que parte de ese dinero se desplaza hacia la parte no controlada de la economía, facilitando la evasión de impuestos y las actividades ilegales.  Y la demanda de dinero en efectivo ha aumentado drásticamente en los últimos años.  En Europa el dinero en efectivo supone el 10% del PIB, en Estados Unidos el 7% y en Japón el 19%; dinero que se usa para transacciones anónimas, y que se usa normalmente para ocultar las mismas, sobre todo si tenemos en cuenta la eficiencia de los bancos y negocios para manejar su efectivo.  De todo este dinero aproximadamente el 80% corresponde a billetes de valor facial elevado.

Otros países, especialmente en el Norte de Europa, ya han tomado medidas para la eliminación del dinero en efectivo. Suecia desde hace años fomenta la desaparición de las monedas, y Dinamarca dejara de acuñarlas a finales de 2016.

Buiter, economista jefe de CitiGroup, reconoce en un informe la inefectividad de las tasas de interés negativas dado que “nadie va a tener su dinero en el banco a una tasa negativa que va reducir su riqueza cuando lo puede tener en efectivo sin sufrir ninguna reducción“. Mantener el dinero en efectivo es una manera fácil y eficaz de evitar las tasas nominales negativas, y para explicarlo aplica la Regla de Taylor para demostrar que la Reserva Federal debió aplicar una tasa negativa desde el año 2009 que debió llegar a -6 por ciento en 2010.

fed fundMacroeconómicamente el dinero en metálico no tiene mucha relevancia, es menos del 10 % de los activos monetarios totales (M3). Lo interesante es la idea de Buiter de aplicar tasas de interés negativas sin que nadie pueda meterlo debajo del colchón. Eso rompería la trampa de liquidez de inmediato.

En su análisis, Rogoff señala que un 50% de este dinero en efectivo se usa para transacciones fuera del sistema, sobre todo cuando se usan billetes de valor facial elevado.

Pero no vamos a hablar del fraude, sino de la posibilidad que se quiere contemplar de eliminar el dinero físico de las pequeñas transacciones que hacemos todos los días y bancarizarlo. Precisamente porque el papel moneda es anónimo, reemplazándolo con dinero electrónico no anónimo probablemente daría lugar a una gran contracción de la demanda, y los bonos del Tesoro tendrían que absorber la pérdida. El mismo Rogoff considera que este coste podría ser compensado plenamente si una fracción modesta de la economía sumergida se viera compelida a pagar impuestos, y, por supuesto, con la reducción de costes por la aplicación de la ley.

Se podría mantener una pequeña parte del efectivo, eliminando los billetes de elevado valor, permitiendo con ello una privacidad en las operaciones del día a día, o simplemente para perfiles que se encuentran excluidos del sistema financiero (deudas pendientes en vía judicial, acceso cerrado al crédito, o que no quieren usar este medio de pago).

Por supuesto, si el gobierno simplemente sustituyera el papel moneda con una moneda electrónica totalmente anónima creíble, no habría necesariamente una contracción de la demanda a largo plazo. De esta manera, el gobierno continuaría ingresando por la economía sumergida y se solucionaría de manera efectiva el problema de la cota cero en las tasas de interés nominales.

Asimismo desaparecerían algunas de las características perversas del dinero, como los robos o la corrupción. Hemos tenido que soportar estas desventajas para poder beneficiarnos de las ventajas del dinero, la que hace posible el intercambio y mide el valor de las cosas.

Entonces la solución pasa por generalizar el uso de las tarjetas (de débito o crédito) incluso en transacciones de escaso valor económico. Pero esto afecta a los agentes económicos, ya que los comerciantes tienen que pagar una comisión siempre a los emisores de tarjetas por el uso de sus servicios. En el fondo no deja de ser un desplazamiento del coste de los bancos centrales –por la creación de dinero- a los propios comercios, y por ende, a los usuarios.

El principal problema además de la privacidad, es el desarrollo de una tecnología segura que impida fraudes electrónicos. En Suecia, el país con mayor número de transacciones electrónicas de la Unión Europea, el fraude se ha duplicado en los 10 últimos años.

Pero antes hay que preguntarse por la perdida de la privacidad y el control directo que se puede tener de nuestra vida, nuestros hábitos de consumo e incluso nuestra ubicación geográfica en cada momento. Sería el Gran Hermano; nuestras vidas en manos de 3 grandes tipos de compañías privadas: las financieras, las telefónicas y las tecnológicas. Ahora mismo podemos elegir pagar en muchos sitios con tarjetas físicas, con cargo a la factura del móvil, o con sistemas como Google Wallet, Apple Pay o PayPal.

Estos 3 agentes, entidades privadas, tendrían acceso completo a nuestras vidas a cambio de una posible disminución de la economía sumergida –problema público- (difícil por la existencia de criptomonedas, que empezarían a ser usadas con más asiduidad y porque muchas de estas operaciones se producen electrónicamente en la actualidad).

Lógicamente la mejor manera de operar sería redistribuyendo nuestros gastos entre los 3 sistemas, para evitar que toda la información este en las mismas manos. Pero en la mayoría de los casos, salvo los pagos con cargo a la factura del móvil, residuales en la actualidad, todos los datos terminan en manos de un oligopolio norteamericano (Visa, Mastercard, American Express o Dinnersclub). ¿Sería posible una entidad supranacional que tenga nuestros datos sin comprometer la privacidad de los mismos, sin que este en manos privadas o incluso del Estado para un control exhaustivo?

Tampoco se puede pensar en tarjetas anónimas, por 2 motivos: el primero es que la recarga se tendría que hacer desde una cuenta corriente o tarjeta, por lo cual se podría trazar cualquier operación de esa tarjeta anónima. El segundo es que la UE no permite esas tarjetas, como tampoco permite tarjetas de teléfono anónimas (Cualquier tarjeta prepago lleva asociada un nombre y un DNI).

Y por ultimo nos obligaría a que todas las personas tuvieran una cuenta corriente y una tarjeta. Es cierto que los mayores de 16 años están completamente bancarizados en España, pero ahora sería indispensable para todos. ¡¡¡No imagino una comunión o un cumpleaños donde se le dé al protagonista el resguardo de una transferencia!!!

Y no hablemos de que solo en España nos gastamos 3.670 millones al año en prostitución o 5.500 en drogas. Quizás no queramos que estas transacciones aparezcan en nuestras tarjetas.

Estaríamos en manos de unas entidades que podrían pactar precios de manera (in)consciente. Nadie podría pensar que un sector como el bancario pacta los precios, o que van a abusar de su posición de superioridad cobrando comisiones por la cuenta o por las tarjetas. No podría haber comisiones bancarias ni por emisión de tarjeta, o apuntes en cuenta ya que será una obligación legal realizar los pagos por medios electrónicos. Sería indispensable una autoridad más eficiente, una tecnología realmente segura, y un banco o entidad financiera pública que solo cobrara los costes de transacción.

Ha de ser un medio de pago creado por el estado sin gastos ni comisiones. Los datos personales que se generen han de estar bajo llave criptográfica en manos del poder judicial, y solo accesibles en caso de investigación judicial. Los datos económicos anónimos que se generan, de incalculable valor, han de ser seguros e inviolables.

Y todo ello sin contar con el control estatal sobre el circulante que ahora no tiene, por lo que necesitaríamos entidades supranacionales con un poder real, y ahora mismo la Unión Europea está lejos de ser dicha entidad.

Conclusión

En definitiva, no se puede pretender la eliminación del papel moneda y dejarlo en manos privadas sin ciertas garantías tanto económicas como de privacidad, como tampoco se puede hacer con la justicia o la seguridad ciudadana. Es necesario un sistema supranacional público (como el BCE) con una tecnología realmente efectiva, que sea el encargado de mantener los datos y garantizar las operaciones.

Para aquellas operaciones que queremos que sean totalmente privadas terminaran proliferando tecnologías como las del bitcoin y blockchain. Y no se puede eliminar totalmente porque hay determinadas operaciones que sólo tienen sentido con dinero efectivo.

Si el dinero en metálico es sustituido por un sistema público y gratuito de depósitos y medios de pago, fuera (o no) del alcance de los bancos comerciales, tendremos las mismas ventajas que ofrece el dinero en metálico, e incluso el Estado puede asumir el coste de la emisión de tarjetas e incluso parte de las transacciones como sustitución al coste por la emisión de papel moneda, incluso con un ahorro de costes. A cambio el Estado perderá ingresos en forma de Señoreaje, que es la venta de metal en condiciones ventajosas.

Y los bancos privados serán los que ofrezcan rentabilidad a cambio de los depósitos, pudiendo decidir los clientes en base a la asunción de riesgos de las entidades, por lo que pasarían a ser empresas normales a las cuales no habría que rescatar…

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